¿El libre albedrío es solo un falso mito?

por Equipo Social Media

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“En el futuro se podrán predecir el comportamiento y la experiencia de una persona a partir de su actividad cerebral”. La afirmación es de John Dylan Haynes, neurocientífico de la Bernstein Center of Computational Neuroscience, y podría servir como compendio de los avances que está realizando esta especialidad en el arduo proceso de desentrañar las razones por las que somos como somos y nos comportamos como nos comportamos.

Haynes y otros expertos como él apuntan en una dirección inquietante: estamos condicionados por la configuración genética de nuestro cerebro y sometidos a los procesos químicos que en él se producen, de tal manera que cada idea y cada decisión es bioquímicamente predecible.

Hace un año, la revista científica PLoS ONE, publicó un estudio del neuropsicólogo Stefan Bode, de la Melbourne School of Psychological Sciences, quien realizó una resonancia magnética a 12 voluntarios de edades comprendidas entre los 22 y los 29 años, a los que se les colocó ante un panel con dos casillas; tenían que elegir una. Observando la actividad cerebral previa de los voluntarios, pudo determinar cuál sería la decisión de cada uno de ellos siete segundos antes de que su cerebro la tomara. Un experimento similar fue llevado a cabo por el profesor Haynes, con iguales resultados.

Varios libros tratan sobre este nuevo determinismo cerebral que parece convertir el libre albedrío en una simple ilusión, casi un autoengaño. Subliminal: cómo tu mente cambia tu comportamiento, de Leonard Mlodinow, o El poder del hábito: por qué hacemos lo que hacemos, de Charles Duhigg, abundan en la idea de que el pensamiento no es una herramienta para llegar a ser lo que deseamos, sino la consecuencia de lo que somos.

Duhigg insiste en que estamos sometidos a los condicionantes neurobiológicos con los que nacemos y nos limitamos a responder, a partir de ellos, a los estímulos de nuestro entorno: “No podemos cambiar nuestros hábitos; como mucho, desarrollar unos nuevos”.

Numerosas voces, también de la comunidad científica, intentan responder a una tesis que parece convertirnos en simples autómatas con inteligencia. Michael S. Gazzaniga, padre de la neurociencia cognitiva, acaba de publicar ¿Quién manda aquí? El libre albedrío y la ciencia del cerebro, donde defiende que la mente, es decir nuestro proceso de pensamiento reflexivo, “coacciona” nuestro cerebro de la misma forma que nuestro coche coacciona con el tráfico del que forma parte. Y sostiene que hay una realidad humana innegable: “Somos agentes responsables que debemos dar cuenta de nuestras acciones, porque la responsabilidad no depende del cerebro, sino de cómo las personas interactuamos unas con otras”.

En esa línea, Laura García Agustín, psicóloga clínica, escritora y directora de Clavesalud, comentaba en una entrevista a elconfidencial.com: “Lo que debemos tener presente es que hay que poner la biología a nuestro servicio. Por así decirlo, son los mimbres con los que trabajamos, que pueden ser de una manera u otra, mejores o peores. Pero está en nuestras manos desarrollarlos”.

El debate está abierto y se muestra apasionante, si bien es cierto que cuanto más se descubre sobre los mecanismos mentales más parece reforzarse la idea del determinismo bioquímico. Y la polémica no se circunscribe a los foros científicos: las editoriales están enfrentando ahora en las listas de best sellers los libros de autoayuda –adalides del ‘si quieres, puedes’– a las obras ‘yo no puedo hacer nada’, como las ha bautizado un reciente artículo del New York Times.

Comentarios a esta entrada (2)

  1. Sanford Fix, el 29 de julio de 2012 a las 5:53

    Excelente contenido! Gracias por esta web

  2. Paula Bello, Social Media Manager de bancopopular-e.com, el 30 de julio de 2012 a las 9:32

    Muchas gracias por tu comentario. Un saludo,

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