Complicados días estos del verano para muchos padres, que se afanan en exprimir la imaginación para lograr que sus hijos llenen todas las horas del día de una forma divertida y estimulante. Días en los que tratan de evitar como sea escuchar de los más pequeños la letanía del “me aburro” repetida una y otra vez. Pero, ¿es realmente eso lo que necesitan los niños y adolescentes? Probablemente no, si atendemos a los expertos.
“Se aburren precisamente porque el resto del año tienen todo el tiempo ocupado, pautado, y en un tiempo muerto no saben qué hacer”, afirmaba en una entrevista al diario El País Angustias Roldán, psicoterapeuta y profesora de Psicología Clínica Infantil y Adolescente de la Universidad Pontificia Comillas, de Madrid.
Roldán, como otros especialistas, pretende transmitir a los padres que el aburrimiento, antes que un problema, es un instrumento psicológico sano y productivo: “Es bueno porque estimula la creatividad; ayuda al niño a observar, a reflexionar, a imaginar, a crear. Antes nos inventábamos juegos con un palo y unas piedras; ahora, en cambio, todo está pautado y el margen de creatividad es mínimo. El tiempo muerto es un espacio en el que el niño aprende a estar consigo mismo, así gana autonomía y no depende tanto de cosas externas, como horarios o actividades impuestas, o de los mayores”.
De modo que, primer consejo: no les llenes la agenda en vacaciones. Aunque tampoco hay que renunciar a darles algunas ideas útiles. La más interesante es que construyan su propio programa de actividades, lo más variado posible, con una pauta de tiempo –generalmente corta– marcada por ti: un rato de lectura, otro de videojuegos y televisión, un espacio para repasar lo dado en el curso o para investigar sobre un tema concreto en Internet; deporte, piscina y charla en las redes sociales –hablar con sus amigos es enriquecedor y necesario sobre todo en la adolescencia–, etc. Pero como hemos dicho, con horas o días ‘muertos’ para que muestren sus propias iniciativas.
Les puedes sugerir otras actividades, por lo general poco habituales para ellos, como un complemento novedoso al que sacar mucho partido. Por ejemplo:
- Manualidades. Desde colorear dibujos y trabajar la plastilina hasta los puzles y el montaje de mecanos complejos. Una manera entretenida de desarrollar la motricidad, las habilidades finas y la visión espacial.
- Juegos de mesa. Son un fantástico ejercicio cerebral que les impulsa a interactuar con la familia o los amigos.
- Inventar historias y escuchar cuentos. La imaginación al poder. Para el primer caso, tan solo basta un lápiz y papel, o una grabadora. Y si el resultado final les gusta, pueden representarla con los amigos y grabarla en vídeo. Por otra parte, en estas fechas son habituales los festivales y encuentros con cuentacuentos, y numerosos sites en la Red disponen de versiones audiovisuales de relatos clásicos para niños.
- Recetas… para divertirse. La idea es convertir la cocina en un laboratorio fascinante en el conocer los productos, sus sabores y olores, en el que mancharse las manos hasta lograr sus platos preferidos hechos por ellos mismos. En la Red es posible encontrar decenas de recetas fáciles, rápidas y sabrosas pensadas para los pequeños. Incluso cursos específicos.
- Un día en el museo. Cada verano se incrementa la oferta de programas especiales para niños y jóvenes. Experiencias interactivas y lúdicas para aproximarse jugando a la ciencia y la cultura.
Como ves, las posibilidades son tantas que no hay excusa para no estar entretenidos. Y si no, ya sabes, ¡bendito aburrimiento!
Imagen: Larry Johnson en Flickr.com