Hace un par de años, la realidad aumentada parecía ser la nueva panacea tecnológica. Nuestro entorno físico iba a crecer y a aportarnos información adicional gracias a los dispositivos electrónicos capaces de reconocer lo que estaríamos viendo. Sus posibilidades revolucionarían la publicidad, el turismo o los medios de comunicación. Hoy en día, las expectativas siguen siendo altas, pero solo para algunos usos específicos.
El último órdago lo ha lanzado Google, con sus gafas de realidad aumentada. El proyecto Google Glasses se presentó, con página en Google Plus, el pasado mes de abril e inmediatamente se difundió por la red con comentarios de todo tipo. Pero en general se ha interpretado que falta información sobre su uso y posibilidades, más allá de que hay un precioso vídeo muy cuidado que despierta el interés y las ganas de probar este nuevo juguete tecnológico.
Pero no es el único caso recibido con tanta expectación como desilusión. La realidad aumentada se debate entre ser la gran apuesta tecnológica de un futuro que no termina de llegar ni de implantarse y otra burbuja que prometía más de lo que es. Se duda de su usabilidad y funcionalidad o de su riesgo para la privacidad, aunque nadie niega sus evidentes posibilidades.
Hay un campo en el que, todos los expertos coinciden, la realidad aumentada puede prestar un gran servicio: los museos y salas de exposiciones tienen ante sí el complemento perfecto para mejorar la experiencia de los usuarios. De las audioguías del pasado a modelos más completos capaces de hacer vivir al visitante emociones más intensas. También ofrece alternativas apasionantes, como sacar el museo de sus cuatro paredes para poder disfrutar de él desde cualquier lugar, e incluso se pueden organizar exposiciones únicamente virtuales, como la del MoMA de Nueva York recogida en este vídeo:
La publicidad es el otro campo preferente en el uso de la realidad aumentada. La geolocalización y la segmentación en función de los intereses y necesidades ya están presentes en nuestros móviles inteligentes, pero podrían dar un paso más gracias a esta tecnología. Eso es al menos lo que esperan sus desarrolladores, cuyos beneficios también dependen de ello, y las primeras grandes empresas que se han lanzado a probarla.
El turismo, el transporte y la navegación por GPS, la arquitectura y el diseño de interiores, la educación, la medicina… Los campos de aplicación son infinitos y, a priori, parecen mejor posicionados los que ya tienen un largo camino recorrido en su digitalización a través de la web y los dispositivos móviles: ya han creado la cultura entre sus usuarios para subir el siguiente escalón, el de una realidad a la que se le pueden quitar y poner capas de información para hacerla más accesible.
Foto: Turkletom / Flickr
Esto ha sido de abundante ayuda, gracias por compartirlo por este medio. Deseo que otros puedan seguir sirviendose de tu pagina asi como yo lo he hecho